El vermicompostaje convierte restos de cocina en humus de lombriz, uno de los mejores abonos que existen, usando una simple caja con lombrices rojas. No huele, no ocupa casi espacio y funciona hasta en un piso. Bien manejada, una vermicompostera no produce mal olor: si huele mal, algo estás haciendo mal.
La vermicompostera: qué necesitas
Una caja opaca con tapa y agujeros de ventilación, bandeja inferior para recoger lixiviados y lecho de cartón o coco humedecido. También hay modelos apilables muy prácticos. Empieza con una caja pequeña: es más fácil de controlar y las lombrices se multiplican solas.
Las lombrices adecuadas
Se usan lombrices rojas californianas (Eisenia fetida), no las de tierra del jardín. Se compran por peso en tiendas especializadas; con 250-500 g basta para empezar. No uses lombrices de jardín: no comen restos en superficie y huirán de la caja.
Qué darles de comer
Restos de frutas y verduras, posos de café, bolsitas de té, cáscaras de huevo trituradas y cartón sin tintas. Entierra la comida bajo el lecho para evitar moscas. Corta los restos en trozos pequeños: cuanto más pequeños, más rápido los procesan.
Qué nunca debes echar
Nada de carne, pescado, lácteos, aceites, ni comidas muy saladas o picantes: generan mal olor y atraen plagas. Tampoco cítricos en exceso. La regla simple: si no es vegetal y sin cocinar con grasa, mejor no lo eches.
Humedad, temperatura y cuidados
El lecho debe estar húmedo como una esponja escurrida, en un lugar entre 15 y 25 °C, a la sombra. Añade cartón seco si hay exceso de humedad. Si las lombrices intentan escapar en masa, revisa: calor, falta de aire o comida inadecuada son las causas típicas.
Cosecha del humus
En 3-6 meses tendrás humus oscuro y con olor a tierra de bosque. Separa las lombrices con el método de la luz (huyen de ella) o migrándolas a un lado con comida fresca. El humus de lombriz es potentísimo: mézclalo con la tierra, no lo uses puro en macetas pequeñas.