Trabajar desde casa llegó para quedarse, pero hacerlo desde el sofá con el portátil en las rodillas pasa factura. Montar una oficina en casa bien pensada no requiere una gran inversión: con el equipo esencial y algunos ajustes de ergonomía, trabajarás más cómodo y rendirás mucho más.
La silla y el escritorio: la base de todo
Pasas ocho horas al día sentado, así que la silla es la inversión más importante. Busca una con soporte lumbar regulable y reposabrazos. El escritorio debe dejarte los codos a 90 grados. Ajusta primero la altura de la silla y luego la pantalla, no al revés; la postura correcta empieza desde abajo.
Pantalla a la altura de los ojos
Un monitor externo o un soporte para el portátil evita el dolor de cuello de mirar hacia abajo todo el día. La parte superior de la pantalla debe quedar a la altura de tus ojos, a unos 60 cm de distancia. Si usas portátil, añade un teclado y un ratón externos para no encorvar los hombros.
Audio y video para reuniones impecables
Unos auriculares con cancelación de ruido y un micrófono decente cambian por completo cómo te perciben en las videollamadas. En 2026 hay opciones económicas con calidad sorprendente. Haz una llamada de prueba y escucha tu propia grabación antes de tu primera reunión importante.
Separa el trabajo del descanso
El mayor reto del teletrabajo es mental: cuando la oficina es tu casa, cuesta desconectar. Define un rincón solo para trabajar, establece horarios fijos y «cierra» simbólicamente la jornada apagando el equipo. Cámbiate de ropa al empezar y al terminar, como si fueras a la oficina; ese ritual marca la frontera.
Tu oficina en casa no tiene que ser perfecta desde el primer día: empieza con la silla y la pantalla, y mejora poco a poco. Lo que sí debe ser perfecto desde hoy es el hábito de cuidar tu postura y tus horarios.