Las suculentas tienen fama de indestructibles, y aun así son las plantas que más mueren en interiores. La paradoja se explica fácil: las matamos con exceso de cariño, sobre todo de agua. Con las suculentas, el error casi nunca es regar poco: es regar de más.

Luz: el requisito número uno

Necesitan mucha luz brillante, idealmente varias horas de sol directo suave (mañana o tarde). Sin luz suficiente se "estiran" buscando claridad y pierden su forma compacta. Si tu suculenta se alarga y palidece, no le falta agua: le falta luz.

Riego: poco y espaciado

Riega a fondo solo cuando el sustrato esté completamente seco, y vacía el platillo para que no quede agua estancada. En invierno, reduce el riego al mínimo. Las hojas blandas y translúcidas indican exceso de agua; las arrugadas, falta de ella.

El sustrato correcto

Usa mezcla específica para cactus y suculentas, muy drenante, o añade perlita y arena gruesa a la tierra universal. La maceta debe tener agujeros de drenaje sí o sí. Una maceta sin drenaje es una sentencia de muerte lenta para cualquier suculenta.

Temperatura y ventilación

Toleran bien el calor y prefieren ambientes ventilados. Protege las más delicadas de heladas intensas y del sol abrasador del mediodía en verano. El aire estancado y húmedo favorece hongos: ventila la habitación donde vivan.

Trasplante y propagación

Trasplanta en primavera a una maceta ligeramente mayor, dejando secar las raíces un día antes de regar. Muchas se propagan fácilmente por hoja o esqueje. Deja secar el corte del esqueje 2-3 días antes de plantarlo: así evitas que se pudra.

Plagas más comunes

La cochinilla algodonosa es la enemiga clásica: se elimina con un bastoncillo con alcohol. Revisa el envés de las hojas periódicamente. Aísla cualquier planta con plaga de inmediato: la cochinilla se propaga a las vecinas en días.