A los 25 años la jubilación parece ciencia ficción, pero ahí está tu mayor ventaja: el tiempo. Gracias al interés compuesto, cada euro que inviertes a los 25 vale varias veces más que el mismo euro invertido a los 40. No necesitas ganar mucho; necesitas empezar pronto y ser constante.
El poder brutal del interés compuesto
Si inviertes 100 euros al mes desde los 25 con una rentabilidad media del 7 % anual, a los 65 tendrás más de 260.000 euros, habiendo aportado menos de 50.000. Si empiezas a los 35 con la misma cantidad, el resultado se reduce a la mitad. Cada año que esperas te cuesta decenas de miles de euros futuros.
Cuánto ahorrar: una meta realista
Una guía práctica es ahorrar el 15 % de tus ingresos brutos para la jubilación, incluyendo aportaciones de tu empresa si las hay. Si ahora no llegas, empieza con un 5–10 % y aumenta un punto cada año o con cada subida de sueldo. Automatiza la aportación el día que cobras: lo que no ves, no lo gastas.
Dónde poner ese dinero en 2026
Para horizontes de décadas, los fondos índice globales de acciones son la opción más simple y barata. Si tu empresa ofrece un plan de pensiones con aportación paralela, aprovéchalo primero: es rentabilidad instantánea. Evita productos con comisiones altas o que no entiendas. Con 30 años por delante, la simplicidad y las comisiones bajas ganan a cualquier estrategia exótica.
Los enemigos silenciosos
La inflación erosiona el dinero parado: 1.000 euros hoy valdrán mucho menos en 40 años, así que el colchón no es un plan. El otro enemigo es rescatar la inversión en cada crisis: las caídas son parte del camino, y vender en pánico convierte pérdidas temporales en permanentes.
Tu "yo" de 65 años depende de las decisiones del "yo" de hoy. Abre la cuenta, programa la aportación automática y olvida el tema durante años: el tiempo hará el trabajo pesado por ti.