¿Te encantan las plantas pero todas las que tocas se marchitan? No eres tú, es que empezaste por las difíciles. Existen plantas de interior tan resistentes que perdonan olvidos, poca luz y principiantes despistados. Estas diez son el punto de partida perfecto para llenar tu casa de verde sin dramas.

Empieza por las indestructibles

El poto, la sansevieria (lengua de suegra) y la zamioculca son las tres reinas de los principiantes: aguantan poca luz, riegos olvidados y cambios de temperatura. El cactus y la aloe vera tampoco piden casi nada. Empieza con dos o tres de estas y gana confianza antes de atreverte con las más delicadas.

El riego: menos es más

La causa número uno de muerte de plantas de interior no es la sed, es el exceso de agua. La regla de oro: mete un dedo en la tierra; si está húmeda a dos centímetros de profundidad, no riegues. La mayoría de estas plantas prefieren pasar un poco de sed a tener las raíces encharcadas, que es lo que las pudre.

La luz correcta para cada planta

"Poca luz" no significa "sin luz". Coloca tus plantas cerca de una ventana pero sin sol directo fuerte, que quema las hojas. La sansevieria y el poto toleran rincones más oscuros; los cactus quieren el sitio más luminoso de la casa. Gira las macetas un cuarto de vuelta cada semana para que crezcan rectas.

Maceta y tierra: los cimientos

Toda maceta necesita agujero de drenaje: sin él, el agua se acumula y las raíces se pudren. Usa tierra específica para plantas de interior, que drena mejor que la del jardín. No hace falta trasplantar al comprar: espera a que las raíces asomen por debajo, señal de que la maceta se le ha quedado pequeña.

Los errores que todo principiante comete

Además del riego excesivo, evita estos clásicos: poner la planta junto al radiador o al aire acondicionado, cambiarla de sitio cada semana y abonarla en exceso "para ayudarla". Las plantas quieren estabilidad y poca intervención. Obsérvalas, aprende su ritmo y verás cómo en pocos meses tu casa parece un pequeño invernadero.