El senderismo es el deporte más democrático que existe: no hay cuotas, no hay horarios y la entrada es gratis. Pero la montaña no perdona la improvisación. Con el equipo justo, una ruta adecuada a tu nivel y unas reglas básicas de seguridad, tu primera caminata será el inicio de un vicio sano.

El Equipo Mínimo Imprescindible

No necesitas gastarte una fortuna, pero hay cuatro cosas innegociables: botas o zapatillas de senderismo con buen agarre (estrenadas antes, nunca nuevas el día de la ruta), una mochila de 20-30 litros, ropa por capas (térmica, polar y cortavientos) y al menos 1,5 litros de agua. Añade un frontal o linterna, algo de comida energética y un pequeño botiquín. El algodón es el enemigo en la montaña: cuando se moja, enfría; la ropa técnica, en cambio, sigue abrigando.

Elige tu Primera Ruta con Cabeza

Empieza con rutas circulares, bien señalizadas, de menos de 10 km y con poco desnivel: los parques naturales cercanos a tu ciudad son perfectos. Descarga el track en una app como Wikiloc o AllTrails antes de salir (la cobertura falla donde más la necesitas) y calcula el tiempo con margen: un principiante camina unos 3 km por hora en terreno fácil, menos si hay desnivel. Mejor quedarse con ganas que volver de noche.

Seguridad: las Reglas que Salvan Vidas

Avisa siempre a alguien de tu ruta y tu hora prevista de regreso. Consulta el pronóstico justo antes de salir y no lo desafíes: el mal tiempo en la montaña llega rápido y sin piedad. Lleva el móvil cargado y, si la ruta es remota, considera una batería externa. La regla de oro del senderismo: la montaña siempre estará ahí mañana; si algo no te convence, da la vuelta sin culpa.

Etiqueta en el Sendero

Saluda, cede el paso a quien sube, no pongas música sin auriculares y llévate toda tu basura (sí, también las cáscaras de fruta: tardan meses en degradarse). Camina por el sendero marcado para no erosionar el terreno. Deja cada lugar mejor de lo que lo encontraste: es la única cuota que cobra la montaña.