Las comidas congeladas son el superpoder de las cocinas ocupadas: dedicas una tarde a cocinar y tienes cenas caseras para semanas. Guisos, lasañas, albóndigas, sopas y curris se congelan de maravilla y saben igual de bien al recalentar. Aquí tienes la guía para hacerlo bien desde el primer día.

1. Elige recetas que congelen bien

Los platos con salsa —lentejas, chili, boloñesa, pollo al curry, sopa de verduras— son los reyes del congelador. Evita congelar patatas cocidas (se ponen harinosas), ensaladas frescas y salsas con mucha nata, que pueden cortarse. Si una receta lleva ingredientes delicados, añádelos frescos al recalentar en vez de congelarlos. La lasaña, los canelones y los guisos de legumbres aguantan hasta 3 meses perfectos.

2. Enfría y porciona antes de congelar

Deja que la comida se enfríe a temperatura ambiente (nunca más de dos horas) y repártela en porciones individuales o familiares en bolsas o recipientes aptos para congelador. Saca el aire de las bolsas para evitar quemaduras por frío. Etiqueta cada porción con el contenido y la fecha: en un mes no recordarás qué es ese bloque misterioso.

3. Descongela siempre con seguridad

La forma correcta es pasar la porción a la nevera la noche anterior. Si tienes prisa, usa el microondas en modo descongelar o cocina directamente desde congelado alargando el tiempo. Nunca descongeles comida a temperatura ambiente: es la vía rápida para las bacterias. Una vez descongelado, consume en 24 horas y no vuelvas a congelar.

4. Organiza tu congelador como una despensa

Apila las bolsas planas para ahorrar espacio y coloca las más antiguas delante para usarlas primero. Haz una lista en la puerta del congelador con lo que hay dentro y táchalo al usarlo. Un congelador organizado se usa; uno caótico se olvida y se desperdicia.

Con el congelador lleno, los días de pereza dejan de ser días de comida rápida cara. Empieza este fin de semana con dos recetas dobles y verás cómo cambia tu rutina.