Un agujero en la pared de drywall —por un mueble movido, un picaporte o un accidente— parece un desastre, pero es una de las reparaciones más sencillas del hogar. Con masilla, una espátula y lija puedes dejar la pared como nueva en una tarde, sin llamar a nadie.

1. Prepara la zona y elige el parche adecuado

Para agujeros pequeños (menos de 10 cm), basta un parche de malla autoadhesiva. Para agujeros grandes, corta un trozo de drywall del tamaño del hueco y atorníllalo a un soporte de madera por detrás. Limpia los bordes sueltos antes de empezar. Un buen parche empieza con bordes limpios: recorta el papel suelto para que la masilla agarre bien. Ten a mano masilla, espátula, lija de grano 120 y cinta de malla.

2. Aplica la masilla en capas finas

Extiende la masilla con la espátula presionando para que penetre en la malla o el parche, y alisa la superficie. Deja secar por completo y repite con una segunda capa más amplia que la primera. Varias capas finas siempre dan mejor resultado que una gruesa: la masilla gruesa se agrieta al secar. Para agujeros grandes necesitarás tres capas como mínimo.

3. Lija con suavidad hasta igualar la pared

Una vez seca la última capa, lija con movimientos circulares suaves hasta que la reparación quede al ras de la pared. Pasa la mano para comprobar: no deberías notar el borde del parche. Lija poco y comprueba a menudo: es fácil pasarse y tener que empezar de nuevo. Limpia el polvo con un trapo húmedo antes de pintar.

4. Imprima y pinta para un acabado invisible

Aplica una capa de imprimación sobre la zona reparada para que la pintura no absorba de forma desigual. Después pinta con el color de la pared; si no tienes el bote original, lleva una muestra a la tienda para igualar el tono. La imprimación es el secreto del acabado invisible: sin ella, la reparación siempre se nota.

Reparar drywall es una habilidad que todo propietario debería tener. Practica con un agujero pequeño y verás que, con paciencia, el resultado es indistinguible de la pared original.