El cold brew no es café caliente enfriado: es café extraído lentamente con agua fría durante horas, lo que le da un sabor más dulce y mucho menos ácido. En las cafeterías cuesta 4–5 euros la taza; en casa, céntimos. Con un tarro y un filtro puedes tener cold brew toda la semana por menos de un euro.

Lo que necesitas

Café en grano de tueste medio (los tuestes muy oscuros amargan en frío), un molinillo o café ya molido grueso, un tarro grande de cristal, agua filtrada y un colador con filtro de papel o de tela. No hace falta equipo especial: el molido grueso, como sal gorda, es el secreto para evitar un resultado turbio y amargo.

La receta básica, paso a paso

Mezcla 80 g de café molido grueso con 1 litro de agua fría en el tarro y remueve. Tapa y deja reposar 12–16 horas a temperatura ambiente (o en la nevera para un sabor más limpio). Cuela primero con un colador y después con filtro de papel. Obtendrás un concentrado que se diluye 1:1 con agua o leche: rinde para 6–8 vasos grandes.

Ajusta el sabor a tu gusto

¿Muy fuerte? Diluye más o reduce el tiempo a 12 horas. ¿Muy suave? Sube a 100 g por litro o alarga a 18 horas. Prueba con canela en rama o piel de naranja durante la infusión para versiones aromatizadas. Anota tu proporción y tiempo favoritos: la repetibilidad es lo que convierte una receta en "tu" receta.

Conservación y servicio

Guarda el concentrado en la nevera en un bote cerrado: aguanta hasta dos semanas, aunque su mejor momento es la primera. Sírvelo con mucho hielo; la dilución del hielo forma parte del equilibrio. El cold brew con leche fría y un toque de vainilla rivaliza con cualquier bebida de cafetería de 5 euros.

Una tanda semanal de diez minutos te ahorra decenas de euros al mes y te da mejor café que el de la esquina. Pruébalo este fin de semana: el lunes lo agradecerás.