El imperio que se negó a morir

Cuando la mitad occidental de Roma colapsó en 476, la mitad oriental — centrada en Constantinopla — continuó. Su gente se llamaba a sí misma romana, hablaba griego y gobernó 1.000 años más.

El sueño de Justiniano

El emperador Justiniano (527–565) casi restauró todo el imperio — reconquistando el norte de África, Italia y el sur de España. Construyó la impresionante Santa Sofía (537) y codificó el derecho romano en el Corpus Juris Civilis — base del derecho en más de 60 países.

Fuego griego y supervivencia

Bizancio sobrevivió a árabes, búlgaros y vikingos usando fuego griego — un arma similar al napalm. La diplomacia hábil, murallas masivas y el cristianismo ortodoxo mantuvieron vivo el imperio.

1453: la caída final

El 29 de mayo de 1453, los otomanos de Mehmed II rompieron las murallas de Constantinopla con cañones gigantes. El emperador Constantino XI murió luchando. Los últimos romanos se fueron, pero su derecho, arte y fe moldearon Rusia y los Balcanes para siempre.