Usa la IA como compañera de ideas, no como escritora fantasma
Quienes más provecho sacan de la IA la usan para esquemas, contraargumentos y primeros borradores de las partes aburridas: introducciones, transiciones, resúmenes. Tu trabajo pasa de teclear palabras a tomar decisiones: qué enfoque, qué pruebas, qué historia. Esa división del trabajo es donde nace la velocidad.
Pide con intención
Las peticiones vagas producen lodo genérico. Dale a la IA contexto, audiencia y restricciones: «Escribe un correo de producto de 200 palabras para padres ocupados, tono amable, una llamada a la acción clara, sin tecnicismos». Muéstrale una muestra de tu escritura y pídele que imite el estilo. Itera dos veces: el segundo borrador suele ser casi siempre el usable.
Conserva tu voz con una revisión humana
Los borradores de IA tienden al mismo punto medio insípido. Después de generar, lee todo en voz alta y sustituye cualquier frase que jamás dirías. Añade tus historias, opiniones y rarezas concretas: eso es lo que los lectores recuerdan y lo que la IA no puede fingir. Una buena regla: la IA pone la arcilla, tú la esculpes.
Cuidado con las trampas
La IA inventa datos con total seguridad: verifica cada estadística, cita y afirmación antes de publicar. No pegues datos confidenciales o personales en herramientas en las que no confíes. Y en todo lo académico o profesional, declara el uso de IA donde se requiera; que te descubran ocultándolo es peor que admitirlo.
El objetivo nunca fue escribir menos, sino dedicar tu energía a lo que solo tú puedes aportar: ideas, criterio y voz.